

8:27 am
Voy paso a paso recorriendo las calles del centro, empiezo en motolinea y doblo en Madero, cruzo el eje y me detengo a tomar un café frente a Bellas Artes, no se cuantas tazas de café he tomado desde la ultima vez que me propuse ya no tomarlo. Entrando al café me siento en la mesa que esta hasta el fondo, esquinada, solitaria. Siempre me ha gustado ver las cosas desde atrás, desde un punto lejano o un lugar en el que te sientes ajeno al momento en el que estas; el lugar adornado con motivos patrios evoca mi mexicanismo, me siento mexicano pidiendo un café americano.
Dos personas mas han entrado después de mi, una de ellas se sienta en la mesa de a un lado, es una mujer guapa, distinguida, reconocida por el servicio de meseras, de manos delicadas con las que sostiene su maquillaje, tan solo para ocultar los pequeños detalles y verse perfecta, pide solo café, lo hace con tal clase y estilo que pareciese que va a tomar café ahí diariamente, como si fuese la dueña del lugar o mejor aun de algunos cafetales, toma sorbo a sorbo su café, segundo a segundo, extrañamente pide dos vasos grandes con agua, se termina su primer taza y de un solo trago de termina uno de esos vasos, parece ser ya una rutina para ella: sorbo de café, revisa su maquillaje, se termina el café, bebe completamente el agua.
Mientras tanto yo espero a que se enfríe mi café, o quizás no es eso, solo estoy haciendo tiempo, en un lugar lleno de historias de vida, entre tanto movimiento y sonidos, me siento ausente puede que sea porque toda la gente que esta aquí ha de rebasar los veinte cinco años, yo en mi mundo preparo mi café con dos de crema y dos de azúcar, le pongo tanto esmero a eso que lo hago como si fuese un arte, que mala costumbre la mía tratar de hacer todo un arte. Mi café quedo al punto, ha de ser el azúcar, si, si es eso, lo dulce hace mejores las cosas. La mujer de a un lado pide otro café y sus siguientes palabras me ponen un poco triste – La cuenta por favor- significa que ya no disfrutare mas de si presencia, era un adiós, hace lo mismo: toma su café, revisa su maquillaje, pero ahora saca de su bolso una delicada botella de perfume, lo esparce en su cuello, shhhik por aquí, shhhik por allá, lo pasa por sus muñecas y huele delicioso, me trae recuerdos el aroma, creo saber cual es, si, es “amor amor de cacharel” , ese olor es el que mas recuerdo, puede que sea como una maldición, no lo se, y no pretendo saberlo, así estoy bien, sin darme cuenta termine mi primer taza de café, la mesera con una sonrisa en el rostro me ofrece otra taza, ¿Cómo negarme a eso?, me la llena, la preparo de nuevo metódicamente; dos de crema, dos de azúcar, pero ahora deseo acompañarla con un pan dulce, en la canasta solo hay tres, eso hace mas fácil la decisión, un cuernito, un polvoròn y un danés con crema pastelera y jalea de zarzamora, elijo el danés, esta fresco, esta dulce, acompaña perfectamente a mi café , una mordida y ya es mío.
Se acerca la jefa de meseros de este lugar, es una mujer regordeta de espalda ancha y me hace una pregunta difícil de contestar - ¿Todo bien señor?- le contesto que si, me hubiese encantado decirle que no y platicar con esa extraña persona lo que pasa, pero me llevaría medio día platicarle como esta todo, seguramente tiene cosas mas importantes que hacer, de hecho todo el mundo tiene cosas importantes que hacer menos yo. El lugar se sigue llenando poco a poco de personas que se reúnen para charlar. Con una taza de café y tiempo todos podemos ser los psicólogos de los otros, nos cuentan su día a día, de las personas en sus vidas, de sus problemas, de sus problemas y siempre tendremos algo que decirles, algo que aconsejarles ese es el poder del café. Levanto la vista y en la mesa junto a la entrada hay un grupo de hombres uniformados, en las mesas de junto solo hay parejas, pero a dos mesas delante de mi parecen estar arreglando asuntos verdaderamente importantes, es una familia, llegan los abogados, sacan los papeles, la voz de la señora al platicar se escucha temblorosa, con mucho miedo, ha de ser porque sabe algo muy importante que seguramente ha cambiado su vida y al declarar podría cambiar la vida de alguien mas.
Me asomo a la ventana y se ve más gente caminando por la calle, tome el último sorbo de mi café y ya estaba frío, aun así sabia bien, el día en si estaba frío, se confunden fácilmente las horas del día con tantas nubes que tapan el sol, son las nueve de la mañana pero bien podrían ser las siete de la noche. Pasara el día sin que se asome el sol, es lo que ha venido sucediendo la ultima semana, es lo que pasa en mi vida en los últimos tiempos, no sale el sol.
Pido otra taza de café y la preparo de nuevo; dos de crema, dos de azúcar, confiado de que esa es la combinación perfecta para tomar un buen café. A la tercer taza ya no extraño a la mujer de elegantes mañas que acompaño mi prime taza, ahora solo extraño a la mujer que me ha dejado recordando el dulce aroma de su perfume, pero al parecer es algo que siempre hare, extrañarla, porque quizá nunca la vuelva a tener, adorarla, porque es lo que mejor hago en esta vida, nunca la dejare, se lo prometí hace unas noches. Me distrae la partida de los abogados y sus clientes, al parecer cerraron el trato y armaron el teatro, ojala se vendan todas las ideas que les propuso el abogado ente el juez para que puedan ganar el caso. Cuando ellos se van llega una familia d tres generaciones, vienen los abuelos, sus hijos y los hijos de los hijos. Los abuelos ya son grandes, su voz es lenta, cansada, cortante, sus movimientos sin prisa, ojala yo llegue a esos momentos acompañado de la mujer de mi vida, de la mujer que ame. Me alegra escuchar que es la celebración del cumpleaños del abuelo, sigue sumando años a su vida, felicidades pienso para el, felicidades. Llega otra persona mas, pensé que era uno de sus hijos, pero no, otro abogado más, igual hoy es el día de los abogados y arreglar asuntos legales en el café, y yo no estoy enterado y sobro en este lugar como en muchos otros, podría necesitar un abogado para que me ayude, no la verdad eso no pasara, prefiero dar otro vistazo a la ventana, la gente pasa, caminando hacia atrás o adelante, no lo se. El calor de las tres tazas de café comienza a invadirme, es un poco incomodo sumado al crecimiento de mi vejiga que se infla como un globo, me aguantare las ganas de subir al baño, queda lejos, pasare a la salida.
Dejan de pasar cosas en el café, un grupo de tres hombres platican de mujeres, dinero, deportes, que mas puede pedir un hombre en una platica, esa si es platica de hombres, no hay demandas, ni delicadezas, nada de ideas bloqueadas y palabras atoradas en la lengua, supongo que es igual entre mujeres, si ha de ser así, con diferentes temas pero igual de libertad. Como ya no pasan cosas mas interesantes me pongo a pensar cuantas tazas de café servirá cada mesera, han de ser cientos cada día, miles a la semana. Saliendo del trabajo seguramente también atiende una casa, a un esposo o a un padre, por eso las trato bien, con calma, con total gratitud, amabilidad y respeto, las admiro a ellas y a todas las mujeres. La mente es así, empiezo calculando la cantidad de tazas que se sirven en el lugar y termina admirando a la mujer.
Quiero otra taza de café pero esa llegara en el momento indicado, llegara cuando menos me lo espere y con estas últimas palabras podría hacer una analogía entre el café y el amor, pero no, porque el amor, mi amor, se resume en un nombre, a una persona, a una sola mujer y de cafés, de cafés podría hablar de muchos. Mientras pensaba en todo esto llego mi cuarta taza de café, es la ultima vez que hare estoy hoy, dos de crema, dos de azúcar, levanto la cara y veo que ha cambiado totalmente la alineación del café, todas las personas han cambiado, menos yo y el equipo de meseras y cocineros. Hay gente en la entrada, esperando una mesa, un buen lugar para platicar, para planear, para hacer y cerrar tratos. Un sorbo a mi café, al que decidí que seria mi última taza, como si eligiera mi último día para vivir, respiro, pido la cuenta, siento la necesidad de irme a otro lugar, necesito conseguir mangos con chile, caminare hasta encontrarlos, me traen la cuenta, pago espero haber dejado una buena propina, subo al baño ya no aguanto, salgo y camino entre los puestos de chicharrones, pulseras, artesanías y cachivaches, espero tener un buen día.
11/09/2009 20 años 5 meses 10:23 am